Y de repente volví a ser un niño

Y de repente volví a ser un niño

Son las 5 de la mañana en España. El evento principal de Money In The Bank ha finalizado con Roman Reigns siguiendo su reinado como campeón Universal mientras Edge y Seth Rollins riñen sus cuentas pendientes fuera del ring. De repente el jefe tribal decide agarrar el micro antes de terminar el show, una decisión bien extraña. Roman deja claro que no hay nadie que esté a su altura en WWE, hasta que suena una canción que hacía años que no escuchábamos.

Las trompetas de «The Time Is Now» se funde con los gritos y la ovación del público, que todavía está digiriendo lo que está sucediendo. Por un breve instante me olvido de quien soy, aunque recuerdo de donde vengo. Vuelvo a ser el niño que admiraba como a un superhéroe a John Cena, ese niño que se pasaba los mediodías de sábado y domingo enganchado al televisor para ver RAW y SmackDown en Cuatro.

El último año fue muy duro para los aficionados al wrestling. El público jugaba un papel fundamental en los eventos, y la pandemia nos quitó esa preciosa y caprichosa variable. Poco más un año después. esa variable volvió para dejar toda la carne en el asador. La ovación que recibió John Cena anoche me recordó a la de Edge en el Royal Rumble de 2020.

La última megaestrella creada por WWE ha vuelto para rememorar la rivalidad que tuvo con Roman Reigns en 2017, pero en esta ocasión el escenario es bien diferente. Roman ya no es el face blando y aburrido que conocíamos entonces. Desde su regreso en el pasado SummerSlam ha pasado como una apisonadora acompañado de Paul Heyman. Ha mejorado en cada faceta posible. Su micro ya no es el que era, su actitud infunde respeto, y ha mejorado notablemente su capacidad de explicar una historia dentro del ring. A priori esta segunda parte de la rivalidad «Cara de la empresa vs. Cara de la empresa» se viene mucho más interesante que la primera parte vista en 2017.

«Sigo aquí porque tu no eres capaz de realizar tu trabajo», eso es lo que le dijo Cena a Reigns de camino a No Mercy. Cuatro años después esta sentencia ya no parece del todo cierta. El jefe tribal es el estandarte máximo de WWE y es innegable que se merece el puesto que ocupa. A día de hoy es el comandante de un SmackDown que parece no tener techo y que semana tras semana da una lección de calidad a otros shows como RAW.

Hablando de SmackDown, el próximo mes de la marca azul se prevé memorable. Roman Reigns y John Cena tendrán su disputa por el Campeonato Universal, Edge y Seth Rollins terminarán de una vez por todas sus diferencias, Big E comenzará su camino como Mr. MITB, y eso sin olvidarnos del regreso de Finn Bálor entre otros grandes alicientes. Llevaba unos meses desmotivado en cuanto a wrestling, y en apenas una semana toda esta situación se ha visto revertida. Apenas ayer fue Money In The Bank que ya deseo que llegue SummerSlam. A eso le llamo yo dar un buen producto al espectador.

La vuelta del público ha traído consigo la emoción, las sorpresas y ese factor imprevisible que es el apoyo del público. Hay ganas de ver que nos depara WWE para las próximas semanas. Me vuelvo a sentir en 2008, y que bien se lo pasaba aquel maldito niño.

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